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saydon

May. 5th, 2006 11:10 am 5 de mayo de 2006

Los días pasan rápido cuando el trabajo abunda y trabajo es algo que nos sobra. José y Alberto discuten continuamente, la obstinada manera de imponer su manera de hacer las cosas termina con la paciencia de Alberto, que es muy temperamental. Lo cierto es que José tiene problemas con todo el mundo, siempre quiere tener razón y nunca escucha los demás.
Ayer el pequeño Alejandro tuvo una caída aparatosa mientras jugaba, Toni se encontraba dando de comer a los animales del corral y acudió corriendo en cuanto lo vio, dejándose con las prisas la puerta abierta, inevitablemente se escaparon algunas ovejas. Tres regresaron al final del día, un rato después apareció un infectado vestido de guarda forestal andando torpemente por el camino que habían venido. Se nos helo la sangre, desde que estábamos en este refugio nos habíamos sentido a salvo, toda la pesadilla que azotaba al mundo parecía algo ajeno a nosotros y sin embargo allí estaba, andando torpemente con la mirada inyectada en odio, llevaba las ropas tan manchadas que nos costo un largo rato reconocer el uniforme; tenia heridas por todo el cuerpo y una de las piernas casi le arrastraba por el suelo, parecía imposible que pudiera mantenerse en pie. Por suerte habíamos cerrado el portón tras dejar pasar las ovejas, ahora estaba allí vagando en círculos, como si intuyera que estábamos dentro y no debía alejarse. Alejandro lloraba cogido a su madre y decía que todo era por su culpa, Sara estaba pálida, las lagrimas se le escapaban, en los últimos días he conseguido que se abra un poco a mi y sabia lo que le pasaba, no es que tuviera miedo, estaba reviviendo la escena en la que perdió a sus padres. Sentí deseos de protegerles a los dos, pese a lo asustado que estaba, ahora aquel era mi hogar y en ese momento sentí que esas personas eran mi familia. Entonces me di cuenta que José no estaba, al momento se oyó un disparo, el estruendo fue enorme con el eco de las montañas, había cogido la escopeta de caza para disparar al infectado. Nos quedamos de piedra, incluso Alejandro comprendía lo que acaba de hacer, cuando José entro con su orgullosa mirada Alberto le derribo de un puñetazo, si había más de esos seres en la zona acababa de hacerles un llamamiento.
Durante el día de hoy no han aparecido más, pero cada vez que el viento mueve una rama con algo de fuerza nos giramos sobresaltados temiéndonos lo peor. Nico y yo hemos enterrado el cuerpo, el hedor era insoportable, no podíamos dejarlo allí.
José no le ha dirigido la palabra ha nadie, lleva desde la mañana encerrado en su habitación, esta realmente furioso.
Mientras tanto el tiempo sigue pasando y la insulina de Alejandro se termina.

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Apr. 19th, 2006 12:15 am 19 de abril de 2006

Últimamente no he tenido tiempo para escribir, son muchas las cosas que hay que hacer cada día pero será mejor que continué desde el punto en que lo deje.
Llegaron al monasterio once personas, dos parejas jóvenes, un matrimonio más mayor con un hijo de nueve años, un hombre de unos cuarenta años, una chiquilla de 14 y los dos hombres que yo había conocido, que eran padre e hijo.
Según me contaron encontraron allí varios campos de cultivo que consiguieron recuperar en parte y aun quedaban vivos algunos animales en los corrales del ganado mientras que el acueducto les proveía de agua. Los monjes del monasterio vivían en régimen de clausura, cultivaban y criaban lo que comían e incluso hacían su propio pan, cuando los evacuaron dejaron todo conforme estaba.
Ahora llevo viviendo aquí un par de semanas nos turnamos para cuidar de los campos y de los animales, siempre hay tareas que hacer.
He ido conociendo a todo el mundo, los hombres que me encontraron se llaman Nico y Alberto, este último es el hijo y es con quien más amistad he forjado de todos, tiene 22 años y es el único que aun mantiene los ánimos.
Sara, la muchacha de 14 años no habla casi nunca, Alberto me contó que llego con sus padres a la urbanización pero su madre había sido infectada, cuando se transformo en uno de ellos su marido le disparo y acto seguido se disparo el mismo, no puedo ni imaginar el sufrimiento de haber tenido que presenciar semejante escena.
Los dos matrimonios jóvenes son Ivan y Rebeca, recién casados, unas personas excepcionales y Rocio y Ricardo, parece ser que perdieron una hija de dos años antes de llegar a las urbanizaciones, como es natural están muy afectados.
Toni e Inés, el otro matrimonio, deben rondar los treinta y tantos años, su hijo se llama Alejandro, están muy preocupados por el pequeño, es diabético y dentro de un par de semanas se le terminara la insulina.
El hombre que queda se llama José, una de esas personas que preferirías no haber conocido, se las de de líder y pretende saber de todo, intenta imponer siempre su manera de hacer las cosas y termina resultando más de estorbo que de ayuda.
Cuando Nico y Alberto me encontraron estaban buscando cosas que pudieran resultar de utilidad en las casas de la zona, ropa, conservas, velas, prismáticos, medicinas… quien les iba a decir que me encontrarían a mí. Supongo que he tenido mucha suerte, aquí vivimos bastante bien dadas las circunstancias, no han visto infectados por la zona pero por si acaso procuramos hacer el menor ruido posible y por las noches cerramos las ventanas antes de encender alguna vela, ahora que el día alarga muchas veces no hace falta ya que nos vamos a dormir con el sol agotados por el trabajo.
Los medicamentos son un problema, me aterroriza pensar que sin tratamiento alguno un pequeño corte o un resfriado podrían terminar siendo mortales, tenemos un botiquín provisto de lo más básico que encontraron al llegar y ampliado con lo poco que encontré en las casas de mis vecinos.
Esa es mi vida de momento, he sido muy afortunado ojala no hubiese perdido a María y hubiera sido capaz de traerla hasta aquí.

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Apr. 11th, 2006 09:38 pm Off Story

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Esta es la Cartuja de Porta Coeli, el monasterio donde se supone que esta el protagonista ahora mismo.

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Una vista lejana del monasterio, desde el acueducto.

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Un mapa de la zona de Porta Coeli

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Apr. 10th, 2006 08:53 pm 10 de abril de 2006

Los últimos días han pasado muchas cosas, no se por donde empezar.
Escribo estas líneas desde los muros del monasterio de Porta Coeli, he encontrado una pequeña comunidad de supervivientes, pero será mejor que empiece por el principio.
Antes de salir entreabrí lo más despacio posible la puerta y vi dos hombres, uno de mediana edad y otro más joven, que parecía llevar una escopeta a la espalda, ya estaban muy cerca de la entrada y me llegaban partes de su conversación, como sospechaba estaban buscando provisiones en las casas. No sabía que hacer, pero era inevitable que me encontraran, así que lo mejor era procurar que al menos no me confundieran con un infectado. Fui corriendo a por una toalla y salí moviéndola a modo de bandera, como ninguna de esas cosas podría hacerlo, por supuesto me vieron conforme salí, vinieron corriendo a encontrase conmigo, fue el mejor momento que he vivido desde que todo esto empezó, nos abrazamos emocionados, les conté como había llegado hasta allí y me explicaron de donde venían.
Porta Coeli es una zona boscosa de unas 3000 hectáreas de extensión, esta muy cerca de tres pueblos importantes, Betera, Serra y Olocau, cuando la civilización comenzó a caer fueron muchos los que intentaron encontrar refugio aquí pero el ejercito había bloqueado prácticamente todas las entradas así que la gran mayoría no consiguió llegar, el bloqueo fue mucho más intensivo que en otras zonas quizás debido a la proximidad de la basé militar a la salida de Betera, aunque esto solo es una hipótesis.
Cuando fueron cayendo las zonas seguras y la vigilancia se debilito hasta finalmente desaparecer bastantes supervivientes llegaron a la zona, principalmente se dirigieron a las urbanizaciones pero algunos llevaron consigo familiares que habían sido heridos por los seres y la enfermedad también se fue propagando. Los que consiguieron escapar decidieron aislarse y cargaron todo lo que encontraron de utilidad y se dirigieron al monasterio, que había quedado abandonado.
Empieza a estar demasiado oscuro, seguiré en otro momento.

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Apr. 5th, 2006 11:40 am 5 de abril de 2006

No había vuelto a oír ruidos, empezaba a pensar que lo de aquella noche fue mi imaginación, cuando esta mañana me han llegado claramente voces. La soledad que tanto temía al principio se había convierto de alguna manera en algo conocido y seguro, si hay más personas fuera… durante el camino hasta aquí y sobre todo cuando cayo el punto seguro, vi cosas terribles, las personas podemos llegar a ser tan peligrosas como los infectados, no se que hacer.
Parece que están acercándose, quizás vengan a entrar en las casas, escribo estas líneas con la esperanza que tengan el efecto tranquilizador de siempre, y que con más calma pueda tomar la decisión correcta.
Los oigo más cerca, el tiempo se acaba.
Solo no podré sobrevivir mucho más, los últimos días me siento fatal, debe ser por estar alimentándome solo a base de compuesto, debería haber racionado mejor las conservas.
Los oigo, ya están aquí, voy a salir.

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Mar. 31st, 2006 03:15 pm 31 de marzo de 2006

Llevo casi una semana a base de compuesto de perro, ya me acostumbrado al sabor. Estoy empezando a hablar solo, he descubierto que el sonido de una voz, aunque sea la mía, es reconfortante. Es mejor que la última vez, al menos no estoy encerrado en un sótano. Ayer cogí el calendario y pase varias horas intentando situarme, he calculado que debemos estar a 31 de marzo, tendiendo en cuenta la burda listas de días que he llevado hasta ahora, la fecha en la que salí de la casa y las raciones que fui llevando de los alimentos. Quizás me vaya un par de días, es difícil saberlo con exactitud.
Llevo algunos días intentando preparar alguna trampa para pájaros o para conejos, pero no tengo la menor idea de cómo hacerla, por si fuera poco de niño siempre suspendí artes plásticas, he de admitir que soy más bien torpe.
Son tantas las cosas que ignoro, que no se hacer, me desespero de pensarlo, yo solo soy, o era, un vulgar administrativo, ¿de que me sirve ahora?

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Mar. 22nd, 2006 10:59 am Aproximadamente 22 de marzo de 2006

Ha pasado una semana desde que escribí por última vez, la comida se esta terminando y esta noche he oído ruidos en la montaña.
Finalmente me atreví a ir hasta las casas más alejadas, fue una perdida de tiempo, todo lo que he encontrado ha sido otro saco de compuesto.
Solo me quedan un par de latas de conservas, creo que finalmente tendré que abrir los sacos.
Anoche me pareció oír algo, no he sido capaz aun de salir a comprobarlo.

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Mar. 14th, 2006 09:20 pm Entre el 13 y el 16 de marzo de 2006

Durante la tarde entre en las casas de los vecinos en búsqueda de víveres y herramientas.
Junte latas de conservas, sobres de pasta y sopas de sobre para un par se semanas, y por suerte agua no me faltaría gracias al pozo. Por si se complicaban las cosas subí del sótano dos sacos grandes de compuesto para perros.
También entre en la casa un par de picos, una azada y una pala, sabia que no serian de gran ayuda, pero más valía eso que nada.
Las luces seguían funcionando, con la de veces que me queje de que no llegara la electricidad allí, quien me diría que agradecería tanto las luces conectadas a la batería.
Durante los siguientes días me limite a esconderme, procure encender las luces lo menos posible, por si atraían a alguna de esas cosas, aunque me racione la comida tanto como puede comienza a escasear, pese a que he conseguido algunas frutas de los jardines y los huertos vecinos.
Las noches han sido lo más duro, el ulular de las lechuzas sigue sobresaltándome, y despierto cuando el viento mueve las ramas de los árboles temiéndome que sean infectados arañando las paredes.
Durante los días me siento mas seguro, los ratos que he dedicado a escribir este diario me han devuelto momentáneamente a cierta normalidad.
Estoy planteándome plantar algunos sobres de semillas que he encontrado en casa de unos vecinos, unos ancianos que pasaban medio año aquí y medio en su pueblo, aparte si mantengo el huerto y los frutales que ya tenían quizás consiga algo, lastima que no tenga ni idea de agricultura, de los cuidados básicos que he de darles ni de las épocas de recogida o siembra, o si para este tipo de cultivo hará falta seguir estos ciclos, seguramente deseche la idea.
Pese a lo poco que la he gastado la batería esta comenzando a agotarse, seguramente solo durara un par de días. Pronto tendré que buscar provisiones en las casas más lejanas.

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Mar. 12th, 2006 11:00 pm Entre el 11 y el 14 de marzo de 2006

Continué hacia las oficinas y pase allí la noche, en el despacho del gerente. En cuanto desperté emprendí el camino, era la parte del trayecto que más me preocupaba ya que tendría que pasar por la periferia de un pueblo bastante grande.
La zona estaba completamente deshabitada, tan solo vi un par de esos seres deambulando, que inmediatamente intentaron alcanzarme, finalmente deje atrás el pueblo y conforme más, me acercaba a las montañas mas seguro me sentía.
Ya acercándome a mi destino tuve una visión aterradora, cuando pase cerca del hospital Docor Moliner, unos 5 o 6 infectados, vestidos con las batas de los pacientes, intentaron lanzarse sobre mi, algunos incluso llevaban todavía parte de los goteros.
Acelere lo que pude, deseando que no hubieran llegado a las pequeñas casas de montaña donde me dirigía.
Cuando deje la carretera y me metí en el camino de tierra los recuerdos se agolparon, aquel camino solía estar siempre tan tranquilo como ahora, allí en la calma del bosque parecía que nada hubiera sucedido, era como si recorriera una vez más el camino y el infierno no se hubiera desatado en el mundo.
Las pocas casas que habían por el camino antes de llegar, unas 7 u 8, estaban desiertas, seguramente sus dueños, como yo mismo, pensaron que era mas seguro hacer caso de las autoridades y dirigirse a uno de los puntos seguros.
Tras el ultimo trecho de camino, llegue. Aparte de la de mis padres, había otras 5 casas, conocía desde mi infancia los dueños de todas. Me causo gran tristeza verlas vacías. Los dos perros de mi hermana se habían soltado y se habían escapado haciendo un agujero debajo de la valla, me tranquilizo pensar que al menos no murieron allí de hambre.
Como no tenia las llaves entre por la ventana de mi cuarto, no puede evitar recordar la de noches que me escape de la misma manera, moviendo dos barrotes flojos.
Allí, en mi propia casa, donde casia había pasado tanto tiempo de mi vida como en la de la ciudad, no puede evitar pensar en toda mi familia. Intente ocupar la mente manteniendo actividad, buscando comida en las despensas, llenando varias garrafas vacías del agua del aljibe, buscando cosas útiles en los armarios y intentado hacer lo más fuerte posible la puerta y las ventanas de la casa, pero cuando ya no encontré más que hacer no puede evitar pensar en la suerte de todos ellos.

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Mar. 11th, 2006 08:05 pm Entre el 9 y el 12 de marzo de 2006

Tras aquello lo único que se me ocurrió fue alejarme lo más posible de cualquier núcleo urbano.
Tras analizar las posibilidades decidí intentar llegar a la vieja casa de montaña de mis padres, a unos 40 kilómetros de allí, conocía muy bien el terreno, había un parque natural y cerca de él unas pocas casas, habría que pasar cerca de un par de pueblos pero con suerte podría rodearlos sin internarme en ellos, el problema seria la gasolina.
No tengo ni idea de cómo funciona un surtidor, sigo sin saber siquiera si necesitaran electricidad, aparte poco antes de que todo esto se descontrolara las gasolineras llevaban varias semanas sin recibir suministros, los últimos días el ejército había pasado a controlar todas y supongo que cuando las abandonaran habrían sufrido varios saqueos, así que por el momento descarte esa opción.
Recordé entonces que hacia varios años, cuando era un estudiante, había trabajado en un club de golf que quedaba de camino, tenia un taller propio con dos pequeños depósitos, uno diesel y otro de gasolina, si hubiera habido la suerte de que los hubieran repuesto antes de los problemas con los suministros quizás aun quedara.
De camino allí el paisaje era abrumadoramente repetitivo, carreteras desiertas salvo ocasionales vehículos abandonados, que aumentaban totalmente cuando tenia que entrar en carreteras principales.
Lo primero que descubrí es que era mejor no fijarse en los detalles, cuerpos de familias enteras con heridas de bala en la cabeza, huellas de forcejeos y cadáveres de gente que no parecía infectada junto a coches que seguramente dejaron e funcionar, decenas de choques que evidentemente habían resultado mortales… era aterradoramente fácil imaginarse todo, una huida en masa, la gente matándose por conseguir un coche, los accidentes produciéndose en cadena sin que nadie prestara asistencia alguna, finalmente los conductores atrapados en sus vehículos, los infectados aproximándose atraídos por la aglomeración…
Finalmente llegue al club de golf, habían derribado la puerta y como me esperaba las cafeterías y el restaurante habían sido saqueados, pero ya me ocuparía de eso más tarde, mi obsesión era la gasolina. El taller se encontraba alejado de las instalaciones principales, los depósitos estaban en un pequeño cobertizo que pasaba totalmente desapercibido, mas bien parecían de lejos cuartos de herramientas.
Sin embargo mis ilusiones habían sido vanas, antes de llegar pude ver las puertas abiertas, al alcanzarlos los encontré vacíos.
Desesperando me dirigí a la tienda, todavía quedaban unos cuantos bugis de alquiler, por suerte eran de los más viejos, con una goma del taller conseguí llenar el deposito de la CBR.
En el bar de la piscina, al fondo de un pequeño armario detrás de la barra encontré un par de botellas de agua y en la cafetería del club juvenil tras buscar intensamente me hice con un par de bolsas de patatas fritas y unas cuantas chocolatinas.
Continué hacia___________----________

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