No se a que fecha debemos estar exactamente, he perdido la noción del tiempo, solo se que debe hacer poco menos de un mes que abandone la casa de Vero y Sergio, aunque me parece que ha pasado una vida entera desde entonces.
Escribo estas líneas con la esperanza de que me ayuden a comprender el torrente de acontecimientos que han pasado en las últimas semanas, o al menos que me permitan ordenar mis ideas.
Cuando partí de la casa de mis amigos aun tenia la esperanza de poder llegar a algún lugar habitado, prácticamente me marche huyendo de la soledad, mi principal preocupación era encontrar la manera de desplazarme sin ser alcanzado por los infectados.
Subí al tejado y comprobé que las calles permanecían desiertas hasta donde alcanzaba la vista, guarde las pocas provisiones que me quedaban en una mochila que Sergio solía llevar cuando salíamos de acampada y salí al garaje.
Sabía que en el pánico de la huida la mayoría de carreteras habrían quedado cortadas por vehículos abandonados, además si me topaba con un grupo numeroso de esos seres estaría atrapado, pero tenia la esperanza de que con la vieja Honda de Sergio podría tener la maniobrabilidad suficiente, supongo que tendría que haber sido mucho más reflexivo. Cuando logre ponerla en marcha el ruido del motor resulto tan escandaloso que debía oírse desde gran distancia, asustado como un niño abandone la zona de urbanizaciones, la pequeña carretera estaba desierta.
Mi primer error fue acercarme a la ciudad, pero la esperanza de encontrarme con alguna persona eclipsaba totalmente la lógica. Lo cierto es que no tengo excusa alguna, había vivido como caía el punto seguro de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, había visto como la gente escapaba horrorizada, matándose entre si en la huida, y había visto la suerte que corrían los que eran alcanzados por “ellos”, tendría que haber sabido que era un suicido acercarse al que fue el núcleo urbano mas poblado en miles de kilómetros alrededor… y sin embargo allí fui.
Conforme me acercaba al centro me cruzaba con más infectados, el ruido del motor debía atraerlos como un imán, se abalanzaban intentando alcanzarme, cuando los dejaba atrás aun intentaban seguirme, era una pesadilla.
Al llegar al centro me di cuenta de mi estupidez, la visión era perturbadora, era imposible encontrar a nadie vivo allí.
El olor era insoportable, a la putrefacción de miles de cuerpos descomponiéndose se sumaban montañas de desechos, las aves habían tomado la ciudad y se veían a centenares alimentándose de la carroña y la basura.
La mayoría de puertas habían sido derribadas y podían observarse restos de incendios, prácticamente no debían quedar comercios sin saquear, la supervivencia los últimos días debió ser durísima, seguramente las personas que no lograron escapar se volvieron más peligrosas para si mismas que los propios infectados, y si alguien había conseguido escapar de todo eso tenia todas las cartas para morir de sed, de hambre, o contagiado de alguna enfermedad, ni en mis peores temores había imaginado algo así.
Pero cuando me di cuenta de mi error ya era tarde, yo solo me había metido en la boca del lobo y le había afilado los colmillos, estaba en mitad de una ciudad infectada. Hubiera tenido que volver atrás, pero cientos de ellos venían siguiéndome, así que cometí una estupidez más, seguí adelante, continuamente me salían al paso, no se las veces que estuve a punto de caer, parecía que estuvieran por todas partes, vehículos abandonados interrumpían el paso y tenia que disminuir la velocidad para poder pasar o desviar el rumbo de improviso, era una pesadilla, el ruido de la moto no dejaba de atraerlos, tenia que llegar a una salida cuanto antes, cada vez venían más, al reducir la velocidad para pasar entre dos coches abandonados note un fuerte tirón, se me helo la sangre, de inmediato acelere, acaba de perder la mochila con las provisiones. Si sobreviví fue por pura suerte,
alcance una calle con gran pendiente, la subí sin pensarlo, tan solo por escapar, y la inclinación les obstaculizo lo bastante para sacarles distancia, a toda la velocidad que el motor daba de si continué, afortunadamente estaba cerca de una salida, esquivando como puede todos los que me salieron al paso abandone la ciudad.
Mi excursión me había costado quedarme sin agua y sin comida y había derrochado más de medio depósito.
| | saydon ( |
Principios de marzo de 2006
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